No se pierde el contacto. Se pierde la continuidad.
El chat sigue ahí. El número también. Incluso podés tener una planilla.
El problema aparece cuando la gestión deja de estar delante tuyo: no recordás qué faltaba, si había que volver a escribir o en qué había quedado.
Memora existe para reducir justamente ese agujero.
“¿Tenés la silla modelo X? ¿Me confirmás disponibilidad?”
“¿Cuánto demora la entrega?”
“¿Hacen envíos?”
La conversación existe, pero ya salió de tu atención.
